viernes, 17 de septiembre de 2010

La niña de mis ojos




Miren, les voy a contar otra de esas verdades como puños que me salen sin querer y que me vino a la cabeza hace unas semanas a raíz de la lectura de la novela que motiva este discurso y que acabó en mis manos por puro azar y bajo la influencia de cual estoy todavía. Por puro azar (el mío, porque el azar de quien me lo dio no fue), estoy ahora aquí balando esto. Azar de quien me lo dio sería tirar el libro al aire sobre una embravecida multitud, ávida toda ella de literatura portátil y rezar para que a quien le cayese encima no le rompiese la crisma y que además, sorpresa, fuese también aguerrido amante de la literatura, desconociese o no autor y obra y abriese un blog para contarlo, acabado el hecho de la lectura misma o durante o según cuando tocase. No es mi caso. A mí me prestó mi hermana cuando fui a comer a su casa el otro día. Mi hermana es un ser angelical por naturaleza y convicción: nació queriendo ser buena y dedicó todos los corporales años de su vida a conseguirlo con el único fin de evitar que una vez entregado su espíritu sus despojos decúbito supino crispados de un dolor del que sólo quedase la corteza fuesen atrincherados en el cajón de muerto, como a ella gustaba decir, y acabasen como boñigas de camello en algún arrozal. Y es que a mi hermana le hizo mucho daño leer con siete años la ética de Spinoza, qué duda cabe, de la cual yo no entendía a mis diez ni jota y por cual de la cual tiene ella hoy todavía parquedad en el habla. Me mataba recibir sus preguntas planteadas como sustento vomitado; preguntas que hoy, que somos ilustrados, nos parecen inútiles y lastimosas pero que entonces sumidos en ignorancia manifiesta creíamos a pies juntillas necesarias para el alma y determinantes para precisar la situación del universo a mí y a mi hermana.



La verdad de la que hablaba arriba es tan sencilla como el parto de una coneja: no se encuentran novelas como esta cada día. Y la historia es cosa suya: leerla y vivirla o dejarla y quedarse dormido en la supina ignorancia de lo que vale la pena. 


7 comentarios:

  1. Pedazo de novela!! LLevo días dando el coñazo a todo el mundo con ella y nadie me había hecho caso hasta ahora. Me gusta como has llevado el comentario, replicando el tipo de prosa que usa la protagonista todo el rato. Yo quería hablar de ella pero no se me ocurría nada mejor que citar a Spinoza, cosa harto agotadora. Si la gente humana u ovina supiese además que tiene sexo, amor e intriga ya no haría falta seguir predicando porque darían cuenta de ella enseguida.

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  2. Anónimo17/9/10

    Esto va a ser mi ruina, es una pena que la lana no cotice como el pixín (rape en Castilla) de manto negro, tengo pendiente Oblomov , el de Marta y de este me gusta el título, la introducción y el comentario.

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  3. Cuando hablabais de entradas telegráficas nunca pensé que fuesen a ser además fugaces. Me anoto igualmente la lectura de esa novela que es “El Spinoza de la calle Market” de Isaac Bashevis Singer y que me ha debido llegar por inspiración ovina.

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  4. Anónimo21/9/10

    No sé que pasó, yo creo que la envié, la cita, pero ahora no está, y sin embargo... Bueno, de todas formas, aclarar que es un cuento de veintitantas páginas.

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  5. No hay problema. Tengo una copia. Pego. Sepan todos ustedes que esto que viene ahora es de Anónimo:

    "Ya que esto va a ser mi ruina , no quiero dejar de colaborar en la vuestra:"..."Son como los hombres que sólo desean el placer del momento".Sobre la mesa había un libro abierto escrito en latín, y en los anchos márgenes de sus páginas se veían anotaciones y comentarios escritos con la letra menuda del doctor Fischelson. El libro de la Ética de Spinoza, que el doctor Fischelson llevaba estudiando desde hacía treinta años. Conocía de memoria cada proposición, cada prueba, cada corolario, cada anotación. Cuando queria encontrar un punto determinado, generalmente abría el libro en dicho punto sin tener necesidad de buscarlo. No obstante, continuaba estudiando la Ética durante horas cada día, con una lente de aumento en su huesuda mano, murmurando y moviendo la cabeza afirmativamente. Lo cierto era que cuanto más estudiaba, más frases desconcertantes, párrafos confusos y observaciones encontraba. Cada frase contenía alusiones que no habían sospechado ninguno de los discípulos de Spinoza. En realidad, el filósofo se había anticipado a todas las críticas de la razón pura que habían hecho Kant y sus seguidores. El doctor Fischelson estaba escribiendo un comentario sobre la Ética. Tenía cajones llenos de notas y borradores, pero nada parecía indicar que llegara nunca a ser capaz de terminar su trabajo." El Spinoza de la calle Market I.B. Singer "

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  6. No entiendo eso que dices de que solo es un cuento de algunas páginas. Según la web de mi biblioteca es algo mas grande:

    Autor: Singer, Isaac Bashevis (1904-1992)
    Título: El Spinoza de la calle Market / Isaac Bashevis Singer ; [traducción de Rosa S. de Naveira]
    Editorial: Barcelona : Plaza & Janés, 1992
    Descripción física: 233 p. ; 18 cm
    Colección: (El Ave Fénix ; 152/1)(Biblioteca de Isaac Bashevis Singer ; 1)
    ISBN:
    84-01-42761-4

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  7. Anónimo21/9/10

    Esa es la edición que tengo, es el cuento que da título al libro ( son once relatos).

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